
El joven ganadero Jorge San Gil cierra su ganadería- quesería El Guisio tras cuatro años sin poder construir unas instalaciones propias: “No es que falten ganas, es que no hay forma de seguir en estas condiciones”
La imposibilidad de acceder a suelo ganadero y las dificultades administrativas han obligado al joven ganadero Jorge San Gil a abandonar su proyecto vinculado a la Cabra Palmera tras cuatro años de actividad. Su caso pone de relieve las barreras estructurales a las que se enfrentan quienes intentan incorporarse al sector primario en Canarias.
“El problema principal es que no puedo construir. Llevo cuatro años detrás de la administración sin conseguirlo”, explica San Gil. Durante este tiempo, desarrolló su actividad en una granja arrendada, siempre con la expectativa de poder trasladarse a unas instalaciones propias que nunca llegaron.
Las condiciones de esa ganadería, según relata, no eran adecuadas ni para el bienestar animal ni para el desarrollo del trabajo diario. “No puedo invertir en algo que no es mío. Era una granja con humedad, con filtraciones de agua, con accesos difíciles… pasaba más tiempo limpiando que haciendo queso”, señala.

Esta situación afectó directamente a su rebaño. “No eran condiciones adecuadas para las cabras. El bienestar animal se veía comprometido, y eso repercute en la salud y en la producción de leche”. El episodio definitivo llegó tras un temporal que agravó las condiciones: “Llegué a poner palés para que las cabras no estuvieran sobre suelo siempre con agua. Ahí fue cuando vi que no había manera de seguir”.
Lejos de tratarse de una falta de vocación, su trayectoria evidencia lo contrario. Sin tradición ganadera directa, su interés por el campo comenzó en la infancia y se consolidó durante la pandemia, cuando decidió iniciar su propio proyecto. Empezó con tres cabras y, tras formarse en ganadería y realizar prácticas fuera de la isla, llegó a gestionar un rebaño de más de cien animales.
“El apoyo del sector ha sido fundamental. Nunca me he sentido solo entre ganaderos, pero sí frente a la administración”, afirma.
El principal obstáculo ha sido el acceso al suelo. “El muro empieza desde el primer momento en que preguntas dónde puedes construir. No hay suelo disponible o es inaccesible. Y si lo hay, es muy caro o no reúne condiciones básicas como agua o acceso”, explica. A esto se suman limitaciones normativas y administrativas que dificultan la implantación de nuevos proyectos.
“Te dicen que esperes, pero no puedes esperar cuando tienes animales que dependen de ti”, añade.
La decisión de abandonar fue progresiva. “No es una cuestión de dinero, es ver que no hay forma de seguir adelante en estas condiciones”. A pesar de haber recibido apoyo social tras hacerse público su caso, asegura no haber encontrado soluciones institucionales.
En este contexto, lanza una reflexión sobre el futuro del sector: “Hay relevo generacional, pero no hay oportunidades. Se dice que los jóvenes no queremos dedicarnos al campo, pero son estas condiciones las que lo hacen inviable”.
Hablando de consejos para aquellos jóvenes que se quieran incorporar a la ganadería, reconoce que el futuro del sector no invita al optimismo: “Ahora mismo siento poca esperanza. No sabría qué decirle a alguien joven que quiera empezar desde cero”. Señala que iniciar una actividad agraria sin terreno o sin una ganadería previa resulta especialmente complicado mientras no se produzcan cambios normativos.
Aun así, no hay arrepentimiento en su trayectoria: “No me arrepiento para nada, a pesar de lo que ha pasado”. De cara al futuro, plantea que una posible vuelta a la actividad dependería de modificaciones concretas en el marco legal, como una revisión del plan de ordenación o la aprobación de las directrices del Gobierno de Canarias sobre suelo agrario, destinadas a regular las construcciones vinculadas al sector. “Podría ser una vía para agilizar el proceso”, explica, aunque lamenta que estas medidas lleven tiempo sin materializarse.

Actualmente, atraviesa un momento de transición. “Es raro estar sin las cabras. Era mi rutina diaria. Ahora necesito parar y ver qué hago”. Sin embargo, no descarta retomar la actividad en el futuro: “No me he cansado de los animales, me he cansado de las condiciones. Si vuelvo, será con garantías y con posibilidad de futuro”.
El caso de Jorge San Gil refleja una problemática estructural que afecta al desarrollo del sector ganadero en Canarias, especialmente en proyectos de nueva incorporación.
Desde la Asociación de Criadores de Cabra Palmera, confiamos en que este sea solo un punto y aparte en la trayectoria de Jorge San Gil y que, en el futuro, pueda retomar su actividad. Pocas veces hemos visto a alguien con tanta ilusión por incorporarse al ámbito ganadero.
Pedimos a las administraciones que adopten las medidas necesarias —que sabemos que no son pocas— para evitar que los futuros emprendedores del sector primario se enfrenten a situaciones como esta y puedan desarrollar sus proyectos con garantías. Sin agricultura ni ganadería, nuestra despensa queda vacía; el futuro depende de ese relevo generacional al que debemos tender la mano.
*Fotografías de Abián San Gil